No contesté a esa llamada. Dejé pasar los días disfrutando de los mimos de mis padres y amigos, tratando de sacarme la ansiedad y mal sabor de boca de D.O.H. La boda de mi primo, el reencuentro con tanta familia y amigos queridos me estaban llenando el alma, y él se volvía cada vez más lejano y desconocido. Justo lo que era.
Sin embargo el martes siguiente, al encender el móvil por la mañana tenía una llamada perdida suya. Creo que mi estómago dio un vuelco, bajó hasta mis rodillas y volvió a acomodarse en una fracción de segundo. No había mensajes, era sólo una llamada a las 4 y media de la mañana del lunes, hora española. Yo cada vez entendía menos, pero me hice la diosa y le envié un mensaje diciendo que recién había visto su mensaje, que lo estaba pasando de cine, y que esperaba que Barcelona lo estuviera tratando bien.
Nunca respondió. No sabía qué pensar, me sentía cada vez más desorientada por todo el comportamiento de D.O.H. Eso sí, no me quitó el sueño. Las noches porteñas fueron una vez más mías, como así algún que otro D.O. Argentina (¿o debería mejor especificar añada y cepa dado que de esta región tengo más de una unidad?).