Casi cuando logré sobreponerme de lo que Cielo dijo, hice un revival completo de nuestra historia en menos de 5 minutos. Nos conocimos en el mes de la primavera, de manera azarosa en un bar del centro. El tiene novia y otros bagajes más a cuestas, yo tengo mi vida de estudio y trabajo. Nos vimos entre varias y muchas veces. Nos gustamos, eso está más que claro. Y hasta donde puedo recordar las manifestaciones de algún tipo de sentimiento (que confieso me dejaron por demás maravillada, asombrada, extasiada, y otros tantos adas…) fueron el saludo en la noche de navidad y los cuasi obligados muy feliz cumpleaños, en ambas direcciones.
Sin saber muy bien si responder con una sonrisa tímida o una carcajada explosiva, únicamente pude atinar a decirle, no seas zonzo. Los dos sabemos que vos tenés novia, lo que a mi me da total libertad de acción. Nunca estuvo, no está, ni estará en mis planes darte explicaciones de lo que hago o dejo de hacer.
Yo no tengo más novia, respondió bastante serio. Pero la seriedad de la conversación se desvirtuó rápidamente cuando agregó, vos sos mi mujer. De ahí en más las cosas no cambiaron mucho, salvo porque dejé de ser Luís cuando mi número comenzó a aparecer bajo el nombre de Pipi.
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