Uno de los tantos bares de Palermo, uno de mis preferidos.
Una noche mas de viernes, como tantas otras, que no tenía por que ser especial, ¿y lo fue?
Buena musica, cervezas, y ahí estaba él. El típico chico de verano, el que siempre me gustó y nunca pensé que me iba a dar bola, tan distinto a mi, tan diferente. Sus ojos azules me impactaron, no dejaba de mirarme, y yo, que todavía no salía de mi asombro, me puse a charlar con su amigo, que me contó, entre otras cosas, que se conocían desde la primaria. Verano tiene un rostro aniñado, parece mucho mas chico de lo que es, de hecho en ese momento no supe cuantos años tenía pero de acuerdo a lo que pude deducir en la conversación y conforme a las incipientes arrugas alrededor de sus ojos, andaría por los 30.
Verano es profe de tenis, es alto, flaco, usa el pelo largo, muy rubio. Se viste con bermudas, musculosa, ojotas y usa gorra. Su actitud es totalmente relajada y descontracturada. Tras charlar un rato, me pide mi teléfono y se lo doy, promete llamarme para jugar un partido, no le creo, pero acepto.
En ese momento llegan unos conocidos de Lola, me interrumpen, Verano hace un gesto de que se va a dar una vuelta, yo asiento, se va.
Los conocidos que arribaron son Vman y el Chino. Me quedo tomando una cerveza con El Chino, charlamos, hay buena onda, cierta tensión sexual en el ambiente, nos reimos, brindamos, tomamos mas cerveza, nos sentamos sobre la mesa y seguimos charlando. En eso, pasa Verano, me mira, yo estoy riéndome con este “conocido” y lo saludo, en señal de “esta todo bien, somos amigos”.
-Ahi va tu pretendiente, dice El Chino, que se dá cuenta de mi artilugio, pero a mi no me importa.
2 pájaros de un tiro.
0 respuestas hasta el momento ↓
Todavía no hay comentarios... Empiece usted rellenando el siguiente formulario.